Es evidente que, cuando hay un síntoma grave (una enfermedad grave) hay que recurrir a la medicina para evitar males mayores, pero con la conciencia de que aunque esa enfermedad desaparezca (al menos aparentemente) la causa no ha sido arreglada sino que debe seguirse buscando hasta ser encontrada y solucionada desde el cambio psicológico necesario.
Ahí es donde puede ayudar el conocimiento de los Centros.
Pueden centrar el problema en una área de nuestra psicología y, una vez reconocida, dar las orientaciones necesarias para ir cambiando las erróneas interpretaciones de las leyes universales por actuaciones más acordes con ellas y así desaparecerán para siempre los síntomas y las enfermedades asociadas.

También es evidente que es mucho más fácil dar la culpa al azar o a los demás, a los imprevistos o a algún virus de nuestras enfermedades o problemas.
Por ello es mucho más fácil acudir a los sistemas médicos, no importa si clásicos o alternativos, para que nos curen que no buscar las causas profundas en nuestra psicología puesto que ello conllevaría tener que aceptar que tenemos pensamientos, emociones y actuaciones no correctas con las leyes universales y que deberíamos corregirlos si queremos sanar realmente.
Es mucho mas fácil aceptar que nos den una medicina o unas bolitas homeopáticas (si somos más alternativos) y olvidarnos de profundizar en nosotros.

La Ciencia de los Centros es la búsqueda de los desequilibrios energéticos nuestros, traducidos en disfunciones de la psicología, errores en nuestra relación con el mundo y con los demás.
Y, evidentemente, en el aprendizaje de la actuación correcta para facilitar la irradiación de la energía de los Centros.