Aprendizajes de los Nodos en el Signo de TAURO
El Granero de la Tierra Viva
Relato corto que ayuda a entender los aprendizajes a adquirir.
A Ivo le encantaba resolver la vida tirando de lo ajeno.
Si le faltaba una herramienta, la pedía.
Si le faltaba energía, se apoyaba en alguien.
Si le faltaba tiempo, “tomaba prestado” el de los demás con una sonrisa convincente.
Y casi siempre funcionaba… hasta que dejó de funcionar.
Una mañana, el Maestro del Mercado —un anciano que pesaba las cosas como si pesara destinos— lo llamó a su puesto y le mostró una balanza.
—Tú eres rápido —dijo—, pero tu balanza está mal. Siempre inclinas hacia fuera.
Ivo frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
El anciano abrió un saco vacío y lo agitó. Sonó a nada.
—Que vives gastando tu fondo vital sin reponerlo. Y cuando te falta, intentas usar la sustancia de otros. Eso te traerá problemas.
Ivo se defendió:
—Pero yo también doy cosas.
—Das prisa —respondió el anciano—. Das empuje. Pero no das fondo. No das raíz.
Entonces lo llevó detrás del mercado, a un terreno pequeño, cercado, con un cartel:
GRANERO.
—Aquí —dijo— solo entra lo que tú cultivas.
Tus talentos, tus capacidades, tus conocimientos. Lo que construyes con tu trabajo creativo. Esto es tu sustancia. Cuídala, transfórmala, úsala… y repón lo que gastes.
Le puso una norma simple:
1. No uses lo ajeno para sostener tu vida.
2. Sé ahorrativo con tu energía.
3. Si gastas de más, repón rápido o te quedas vacío.
Al principio Ivo se desesperó. Era lento. Era pesado. Era… Tauro.
Nada de atajos.
Pero un día, trabajando la tierra, descubrió algo sorprendente: cuanto más cuidaba su propio granero, más calma tenía. Ya no necesitaba correr para “llegar”. Ya no vivía con esa ansiedad de quien depende de recursos que no controla.
Aprendió a ver los “puntos débiles” antes de que se volvieran crisis: el gasto excesivo, la falta de descanso, el descuido del cuerpo. Y empezó a vivir con una lógica nueva:
equilibrio, reposición, salud.
Un atardecer, el Maestro volvió.
—¿Y ahora? —preguntó.
Ivo se secó el sudor y sonrió.
—Ahora sé algo raro: mi riqueza no es lo que tomo… es lo que cultivo.
El anciano asintió.
—Eso es. Tu destino no es vivir de lo ajeno. Es construir un fondo propio que te sostenga… y que también pueda servir a otros sin vaciarte.
Y por primera vez, Ivo sintió que la vida no era una carrera: era una tierra fértil.
Si le faltaba una herramienta, la pedía.
Si le faltaba energía, se apoyaba en alguien.
Si le faltaba tiempo, “tomaba prestado” el de los demás con una sonrisa convincente.
Y casi siempre funcionaba… hasta que dejó de funcionar.
Una mañana, el Maestro del Mercado —un anciano que pesaba las cosas como si pesara destinos— lo llamó a su puesto y le mostró una balanza.
—Tú eres rápido —dijo—, pero tu balanza está mal. Siempre inclinas hacia fuera.
Ivo frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
El anciano abrió un saco vacío y lo agitó. Sonó a nada.
—Que vives gastando tu fondo vital sin reponerlo. Y cuando te falta, intentas usar la sustancia de otros. Eso te traerá problemas. Ivo se defendió:
—Pero yo también doy cosas.
—Das prisa —respondió el anciano—. Das empuje. Pero no das fondo. No das raíz.
Entonces lo llevó detrás del mercado, a un terreno pequeño, cercado, con un cartel:
GRANERO.
—Aquí —dijo— solo entra lo que tú cultivas.
Tus talentos, tus capacidades, tus conocimientos. Lo que construyes con tu trabajo creativo. Esto es tu sustancia. Cuídala, transfórmala, úsala… y repón lo que gastes.
Le puso una norma simple:
1. No uses lo ajeno para sostener tu vida.
2. Sé ahorrativo con tu energía.
3. Si gastas de más, repón rápido o te quedas vacío.
Al principio Ivo se desesperó. Era lento. Era pesado. Era… Tauro.
Nada de atajos.
Pero un día, trabajando la tierra, descubrió algo sorprendente: cuanto más cuidaba su propio granero, más calma tenía. Ya no necesitaba correr para “llegar”. Ya no vivía con esa ansiedad de quien depende de recursos que no controla.
Aprendió a ver los “puntos débiles” antes de que se volvieran crisis: el gasto excesivo, la falta de descanso, el descuido del cuerpo. Y empezó a vivir con una lógica nueva:
equilibrio, reposición, salud.
Un atardecer, el Maestro volvió.
—¿Y ahora? —preguntó.
Ivo se secó el sudor y sonrió.
—Ahora sé algo raro: mi riqueza no es lo que tomo… es lo que cultivo.
El anciano asintió.
—Eso es. Tu destino no es vivir de lo ajeno. Es construir un fondo propio que te sostenga… y que también pueda servir a otros sin vaciarte.
Y por primera vez, Ivo sintió que la vida no era una carrera: era una tierra fértil.
Canción: “Mi Fondo Vital”
(Nodo Norte en Tairp)
Letra de la canción para ir integrando los aprendizajes al irla escuchando y cantando.
Verso 1
Yo iba tomando prestado para caminar,
si me faltaba fuerza la iba a buscar.
Pero la tierra me habló sin gritar:
“Lo que te sostiene… lo has de cultivar.”
Pre-estribillo
No uses lo ajeno para tu sostén,
en tu propia sustancia está tu bien.
Estribillo
Mi fondo vital, mi tierra y mi paz,
cuido mi energía, la hago durar.
Lo que yo sé, lo que yo soy, lo vuelvo real:
lo transformo en sustancia que me hace avanzar.
Y si gasto de más, repongo al final:
equilibrio en la vida… mi fondo vital.
Verso 2
Soy comerciante de fuerza y de luz,
mi balanza vigila lo que doy y lo que uso yo.
Si hay un desequilibrio, lo vuelvo a ajustar:
no me quedo vacío por querer “demostrar”.
Pre-estribillo
Ahorro mi impulso, cuido mi salud,
porque en mi cuerpo vive mi virtud.
Estribillo
Mi fondo vital, mi tierra y mi paz,
cuido mi energía, la hago durar.
Lo que yo sé, lo que yo soy, lo vuelvo real:
>
lo transformo en sustancia que me hace avanzar.
Y si gasto de más, repongo al final:
equilibrio en la vida… mi fondo vital.
Puente (muy cantable)
No corro por fuera, me quedo en mi raíz,
lo que es verdadero crece dentro de mí.
No tomo lo ajeno para sostener:
mi fondo se agranda cuando aprendo a cuidar.
Último estribillo
Mi fondo vital, mi tierra y mi paz,
cuido mi energía, la hago durar.
Y si gasto de más, repongo al final:
equilibrio en la vida… mi fondo vital.
Verso 1
Yo iba tomando prestado para caminar,
si me faltaba fuerza la iba a buscar.
Pero la tierra me habló sin gritar:
“Lo que te sostiene… lo has de cultivar.”
Pre-estribillo
No uses lo ajeno para tu sostén,
en tu propia sustancia está tu bien.
Estribillo
Mi fondo vital, mi tierra y mi paz,
cuido mi energía, la hago durar.
Lo que yo sé, lo que yo soy, lo vuelvo real:
lo transformo en sustancia que me hace avanzar.
Y si gasto de más, repongo al final:
equilibrio en la vida… mi fondo vital.
Verso 2
Soy comerciante de fuerza y de luz,
mi balanza vigila lo que doy y lo que uso yo.
Si hay un desequilibrio, lo vuelvo a ajustar:
no me quedo vacío por querer “demostrar”.
Pre-estribillo
Ahorro mi impulso, cuido mi salud,
porque en mi cuerpo vive mi virtud.
Estribillo
Mi fondo vital, mi tierra y mi paz,
cuido mi energía, la hago durar.
Lo que yo sé, lo que yo soy, lo vuelvo real:
> lo transformo en sustancia que me hace avanzar.
Y si gasto de más, repongo al final:
equilibrio en la vida… mi fondo vital.
Puente (muy cantable)
No corro por fuera, me quedo en mi raíz,
lo que es verdadero crece dentro de mí.
No tomo lo ajeno para sostener:
mi fondo se agranda cuando aprendo a cuidar.
Último estribillo
Mi fondo vital, mi tierra y mi paz,
cuido mi energía, la hago durar.
Y si gasto de más, repongo al final:
equilibrio en la vida… mi fondo vital.