Aprendizajes de los Nodos en el Signo de LEO
El Trono del Escenario
Relato corto que ayuda a entender los aprendizajes a adquirir.
Nerea era la reina perfecta… siempre que nadie la viera.
Trabajaba detrás del telón, moviendo luces, cuidando vestuario, arreglando lo que otros rompían. Con eso se sentía segura: controlaba el territorio, aunque nadie supiera su nombre.
Hasta que una noche, a diez minutos del estreno, el actor principal se quedó mudo de pánico y la directora se llevó las manos a la cabeza.
—¿Quién conoce la obra entera? —gritó alguien.
El silencio fue tan grande que se oyó el crujido de las cuerdas del telón.
Nerea levantó la mano sin pensar. Y en ese gesto, el mundo le hizo una exigencia: ponte en el centro y enfréntate.
Subió al escenario como quien entra en un incendio con una vela en la mano. Allí, bajo las miradas, se dio cuenta de algo extraño: una parte de ella quería huir… y otra quería gobernar ese espacio, decir: “Ésta es mi casa, aquí quiero hacer cosas.”
La primera escena fue torpe. Luego, como si una puerta interior se abriera, apareció su irradiación: la sala se volvió su reino. No un reino de orgullo vacío, sino un espacio vital donde la gente compartía sentido.
Y entonces llegó la primera prueba de Leo: la euforia.
La gente aplaudió. Alguien gritó su nombre.
Nerea sintió que podía dominar el mundo entero con una sola frase. Pero, justo al salir, la crítica del periódico local fue cruel: “Brillo excesivo, inseguridad evidente.”
Segunda prueba: la derrota.
Se encerró en el camerino y notó su verdad fija: por fuera se había mostrado ofensiva, brillante… pero por dentro estaba a la defensiva,
protegiendo su corazón como un castillo.
Al día siguiente, la directora le llevó una corona de utilería.
—No es para que te escondas detrás —dijo—. Es para que te sueltes, te muestres y te arriesgues… otra vez.
Nerea entendió: el Nodo Norte en Leo no era “ser vista” por vanidad. Era aprender a sostener una posición positiva e individualmente definida ante el entorno, aunque el entorno no la dejara en paz.
Volvió a salir.
Hubo noches de gloria… y noches de tropiezo. Y cada una la talló por dentro: desde la euforia hasta la derrota, y todo lo que vive entre ambos extremos.
Con el tiempo, Nerea no solo actuó: creó un teatro pequeño en el barrio. Lo llamó “Mi Casa”. No porque quisiera mandar sobre los demás, sino porque necesitaba un territorio donde su alma pudiera decir con calma: aquí soy yo, aquí me expreso, aquí me pruebo en el mundo.
Y por fin, la reina dejó de reinar escondida.
Trabajaba detrás del telón, moviendo luces, cuidando vestuario, arreglando lo que otros rompían. Con eso se sentía segura: controlaba el territorio, aunque nadie supiera su nombre.
Hasta que una noche, a diez minutos del estreno, el actor principal se quedó mudo de pánico y la directora se llevó las manos a la cabeza.
—¿Quién conoce la obra entera? —gritó alguien.
El silencio fue tan grande que se oyó el crujido de las cuerdas del telón.
Nerea levantó la mano sin pensar. Y en ese gesto, el mundo le hizo una exigencia: ponte en el centro y enfréntate.
Subió al escenario como quien entra en un incendio con una vela en la mano. Allí, bajo las miradas, se dio cuenta de algo extraño: una parte de ella quería huir… y otra quería gobernar ese espacio, decir: “Ésta es mi casa, aquí quiero hacer cosas.”
La primera escena fue torpe. Luego, como si una puerta interior se abriera, apareció su irradiación: la sala se volvió su reino. No un reino de orgullo vacío, sino un espacio vital donde la gente compartía sentido.
Y entonces llegó la primera prueba de Leo: la euforia.
La gente aplaudió. Alguien gritó su nombre.
Nerea sintió que podía dominar el mundo entero con una sola frase. Pero, justo al salir, la crítica del periódico local fue cruel: “Brillo excesivo, inseguridad evidente.”
Segunda prueba: la derrota.
Se encerró en el camerino y notó su verdad fija: por fuera se había mostrado ofensiva, brillante… pero por dentro estaba a la defensiva,
protegiendo su corazón como un castillo.
Al día siguiente, la directora le llevó una corona de utilería.
—No es para que te escondas detrás —dijo—. Es para que te sueltes, te muestres y te arriesgues… otra vez.
Nerea entendió: el Nodo Norte en Leo no era “ser vista” por vanidad. Era aprender a sostener una posición positiva e individualmente definida ante el entorno, aunque el entorno no la dejara en paz.
Volvió a salir.
Hubo noches de gloria… y noches de tropiezo. Y cada una la talló por dentro: desde la euforia hasta la derrota, y todo lo que vive entre ambos extremos.
Con el tiempo, Nerea no solo actuó: creó un teatro pequeño en el barrio. Lo llamó “Mi Casa”. No porque quisiera mandar sobre los demás, sino porque necesitaba un territorio donde su alma pudiera decir con calma: aquí soy yo, aquí me expreso, aquí me pruebo en el mundo.
Y por fin, la reina dejó de reinar escondida.
Canción: “Salgo del Escondite””
(Nodo Norte en Leo)
Letra de la canción para ir integrando los aprendizajes al irla escuchando y cantando.
Verso 1
Yo vivía tras el telón,
segura en mi rincón,
pero el mundo me llamó:
“Ven al centro, corazón.”
Pre-estribillo
No más huir, no más cubrir,
toca arder… y existir.
Estribillo
Salgo del escondite, me atrevo a brillar,
en el centro del mundo me pongo a probar.
Ésta es mi casa, mi espacio vital,
mi fuerza se ordena, mi voz es real.
De la euforia a la caída… vuelvo a empezar:
si me muestro y me arriesgo, me vuelvo a encontrar.
Verso 2
Quise ser rey sin dolor,
dominar para estar mejor,
pero aprendí con claridad:
la seguridad nace en mi identidad.
Pre-estribillo
Si me defiendo por dentro, aunque ataque al hablar,
respiro… y me dejo mirar.
Estribillo
Salgo del escondite, me atrevo a brillar,
en el centro del mundo me pongo a probar.
Ésta es mi casa, mi espacio vital,
mi fuerza se ordena, mi voz es real.
De la euforia a la caída… vuelvo a empezar:
si me muestro y me arriesgo, me vuelvo a encontrar.
Puente (coreable)
Me suelto, me muestro, me dejo ver,
me pruebo en la vida: ganar o caer.
Y pase lo que pase, no voy a escapar:
mi fuego es mi firma, mi forma de estar.
Último estribillo
Salgo del escondite, me atrevo a brillar,
en el centro del mundo me pongo a probar.
Ésta es mi casa, mi espacio vital:
mi Leo despierta… y me da seguridad.
Verso 1
Yo vivía tras el telón,
segura en mi rincón,
pero el mundo me llamó:
“Ven al centro, corazón.”
Pre-estribillo
No más huir, no más cubrir,
toca arder… y existir.
Estribillo
Salgo del escondite, me atrevo a brillar,
en el centro del mundo me pongo a probar.
Ésta es mi casa, mi espacio vital,
mi fuerza se ordena, mi voz es real.
De la euforia a la caída… vuelvo a empezar:
si me muestro y me arriesgo, me vuelvo a encontrar.
Verso 2
Quise ser rey sin dolor,
dominar para estar mejor,
pero aprendí con claridad:
la seguridad nace en mi identidad.
Pre-estribillo
Si me defiendo por dentro, aunque ataque al hablar,
respiro… y me dejo mirar.
Estribillo
Salgo del escondite, me atrevo a brillar,
en el centro del mundo me pongo a probar.
Ésta es mi casa, mi espacio vital,
mi fuerza se ordena, mi voz es real.
De la euforia a la caída… vuelvo a empezar:
si me muestro y me arriesgo, me vuelvo a encontrar.
Puente (coreable)
Me suelto, me muestro, me dejo ver,
me pruebo en la vida: ganar o caer.
Y pase lo que pase, no voy a escapar:
mi fuego es mi firma, mi forma de estar.
Último estribillo
Salgo del escondite, me atrevo a brillar,
en el centro del mundo me pongo a probar.
Ésta es mi casa, mi espacio vital:
mi Leo despierta… y me da seguridad.