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Aprendizajes de los Nodos en CASA 1

El Primer Paso: Aquí estoy

Relato corto que ayuda a entender los aprendizajes a adquirir.

No era timidez, al menos no como la entendía la gente. Nadie habría dicho “qué persona tan tímida” al ver cómo el/la protagonista saludaba, sonreía, preguntaba por los demás, recordaba detalles, se adaptaba al clima emocional de cada sala como quien ajusta la calefacción.
Lo que nadie veía era el precio.
En cuanto aparecía la pregunta clave —“¿Y tú qué quieres?”— el cuerpo se quedaba quieto por dentro, como si alguien hubiera bajado una palanca invisible. Entonces venía lo de siempre: mirar a los lados, tantear, buscar señales. ¿Qué le conviene que yo responda? ¿Qué esperan? ¿Qué encaja? Y, con esa información, construir una versión “aceptable” de sí.

Lo curioso era que, por fuera, esa estrategia funcionaba. La gente decía: “Qué fácil es hablar contigo”. “Qué agradable”. “Qué adaptable”. Y eso calmaba una ansiedad antigua: la de no ser querido/a si aparecía sin disfraz.
Pero en casa, cuando se apagaba el ruido del mundo, quedaba una sensación seca: la vida no avanza si uno/a no se decide a decir quién es. Esa fue la frase que le saltó a la cara un día, leyendo sobre el “primer paso” del Nodo: no es algo que “haga” el Nodo, sino algo que hacemos nosotros, como encontrar un agujero en un seto y cruzarlo conscientemente.
Y el agujero, para él/ella, estaba en la Casa 1. La escena de la cortina

Esa noche soñó con un escenario. No había decorado, solo una cortina enorme. Alguien detrás respiraba, dudaba… y cuando por fin salía, el público no aplaudía ni abucheaba: simplemente miraba, esperando.
El personaje daba un paso y decía, con una voz que no pedía permiso: “Hola, aquí estoy.”
Al despertar, entendió el mensaje: en Casa 1 no se trata de “gustar”; se trata de presentarse. Identificarse de forma clara ante el entorno. Darse a conocer tal como uno/a quiere ser visto/a. Y, sobre todo, tener el valor de decir —sin disculparse— “Yo soy así… y así quiero ser aceptado/a”.

El problema era que su hábito era el contrario: esperar que otros le dijeran qué hacer, dejarse influir por opiniones ajenas, apoyarse en el “tú” como si fuera una muleta imprescindible.
Dos sillas, una decisión

A la mañana siguiente, ocurrió algo pequeño pero decisivo. Un/a amigo/a le preguntó:
—¿Te apetece venir? Elige tú el sitio.
Y ahí estaba el viejo guion: “Donde quieras tú”.
“Me da igual”. “Lo que os venga bien”.
La garganta se cerró… y el/la protagonista se vio a sí mismo/a desde fuera, como si estuviera repitiendo un diálogo aprendido. Comprendió que esa frase “me da igual” no era neutral. Era una renuncia.

Entonces hizo algo que le pareció casi escandaloso por lo simple:
—Sí. Y elijo yo. Quiero un lugar tranquilo, con luz, donde se pueda hablar.
Al otro lado no hubo un trueno divino. Solo un:
—Perfecto.

Y esa normalidad fue una revelación: el mundo no se rompe cuando dices lo que quieres.
El entrenamiento de la verdad
Decidió convertirlo en práctica. No en una teoría bonita, sino en un entrenamiento, porque el libro lo decía claro: cuando hay dificultad para ser uno/a mismo/a, el Nodo Norte insiste: “Debes practicarlo”.
Empezó con un cuaderno, titulado sin poesía:
“Soy así”.

Cada día escribía tres frases, sin adornos:
1. Esto se me da bien.
2. Esto no se me da bien (y está bien).
3. Esto quiero / esto no quiero.

Al principio sonaba duro, como una lista de supermercado del alma. Pero poco a poco apareció algo vivo: una postura interior. Perseverar en su punto de vista, sostener una opinión, mantener una postura sin tener que justificarla con mil argumentos.

Y entonces llegó el desafío grande: una reunión importante, con gente que imponía presencia.
En su mente apareció el viejo truco (muy refinado, muy social): congraciarse, ser especialmente amable, esconder el lado menos atractivo, resaltar solo lo luminoso… para que le aceptaran.

Era efectivo. Y, sin embargo, era una trampa: esa imagen “perfecta” era una imagen falsa, y una imagen falsa bloquea el crecimiento.
Así que eligió otro camino.
“Me presento, pero de verdad”
Cuando llegó su turno, respiró y habló.
No hizo propaganda exagerada de sí, pero tampoco se escondió.
Dijo quién era, qué aportaba, qué quería construir… y añadió algo nuevo, casi revolucionario:
—Hay una parte que aún estoy aprendiendo. No lo tengo resuelto del todo, pero estoy comprometido/a con hacerlo bien.

Se le hizo un silencio corto. Ese silencio que antes interpretaba como “te van a rechazar”.
Esta vez, lo sostuvo.
Y alguien respondió:
—Gracias por decirlo así. Es mucho más claro. Fue entonces cuando entendió otra pieza clave: en Casa 1 no se trata solo de presentarse; se trata de presentarse de forma sincera.

El cuadro invisible
Con el tiempo, notó algo extraño: cuanto más auténtico/a era, menos “opciones” perdía. Al contrario: aparecían.
Recordó una imagen del libro: si no mostramos nuestro yo claramente, el mundo no sabe quiénes somos; es mejor llevar un “cuadro” que muestre cómo es nuestro yo (o cómo debería ser) que no llevar nada.
Así que imaginó que, cada vez que entraba en un lugar, llevaba ese cuadro invisible bajo el brazo. No un cartel de “mírame”, sino una presencia coherente: esto soy, esto no soy, esto quiero, esto no.
Y cuando alguien intentaba empujarle a decidir por él/ella, ya no se quedaba esperando instrucciones. Sonreía y decía:
—Gracias. Lo pensaré… y decidiré yo.
No con agresividad. Con dirección.

La última escena
Volvió a soñar con la cortina.
Esta vez, al salir, el público no era una multitud. Era una sola figura: el “tú” al que antes entregaba el volante de su vida.
Ese “tú” no hablaba.
Solo le devolvía la mirada, como diciendo: “¿Vas a ser tú, o vas a interpretarte?”
El/la protagonista dio un paso adelante y, sin dramatismos, dijo:
—Aquí estoy. Así soy. Y hoy empiezo.

Y fue como atravesar el seto por ese agujero: no un final, sino el inicio del camino.

Canción: “Aquí estoy”
(Nodo Norte en Casa 1)

Letra de la canción para ir integrando los aprendizajes al irla escuchando y cantando.

Verso 1
Me acostumbré a leer las caras,
a ser espejo y no mi voz,
a preguntar lo que querían…
y olvidarme de lo que soy.
Sonreía por inercia,
me quedaba en el “tú dirás”,
pero el alma, en lo pequeño,
susurraba: “No más.”

Pre-estribillo
Hoy dejo de esperar instrucciones,
dejo de pedir permiso al miedo.
Si mi vida es mi camino,
yo sostengo el primer paso entero.

Estribillo
Aquí estoy, así soy,
no me escondo en la aprobación.
Aquí estoy, así voy,
con mi verdad y mi dirección.
Lo que quiero, lo que no,
lo que puedo y lo que no doy.
Aquí estoy… aquí estoy…
y hoy me elijo sin perdón.

Verso 2
Cuántas veces fui “amable”
para que nadie viera el temblor,
cuántas veces di una imagen
que era brillo sin corazón.
Hoy no vendo una máscara
por un poco de aceptación:
si me muestro de verdad,
crece mi respiración.

Pre-estribillo 2
Hoy practico mi postura,
mi opinión, mi claridad.
Si el mundo no sabe quién soy,
yo se lo voy a explicar.

Estribillo
Aquí estoy, así soy,
no me escondo en la aprobación.
Aquí estoy, así voy,
con mi verdad y mi dirección.
Lo que quiero, lo que no,
lo que puedo y lo que no doy.
Aquí estoy… aquí estoy…
y hoy me elijo sin perdón.

Puente
Si me aceptan por ser perfecto/a,
me pierdo por dentro otra vez.
Prefiero una luz sincera
a una sombra que cae de pie.
No necesito que me salven,
no necesito que me digan qué.
Yo decido. Yo sostengo.
Yo comienzo. Yo también.

Estribillo final
Aquí estoy, así soy,
con mi nombre en el corazón.
Aquí estoy, así voy,
con mi rumbo y mi decisión.
Lo que quiero, lo que no,
lo que puedo y lo que no doy.
Aquí estoy… aquí estoy…
y hoy mi vida empieza hoy.


Canción en mp3 para escucharla o descargarla.
(Varias versiones para que escuches la que más te guste)