Aprendizajes de los Nodos en CASA 6
El Hueco en el Taller
Relato corto que ayuda a entender los aprendizajes a adquirir.
El/la protagonista venía de una etapa luminosa: ideas, carisma, ganas de “hacer algo grande”. Había aprendido a entrar en escena, a irradiar, a sostenerse frente al “tú”… y, sin embargo, la vida le puso un muro muy poco glamuroso: un trabajo concreto, pequeño, repetitivo, con horarios y obligaciones.
Y ahí apareció el viejo gesto interno:
—¿En serio? ¿Yo para esto?
Porque en su cabeza, “vivir” era soñar el gran plan. Pero el libro lo decía sin rodeos: en la Casa 6 lo fundamental es la cuestión existencial, la manera de garantizar la propia existencia; y lo esencial no es “hacer mucho”, sino darse cuenta claramente de lo que uno es capaz de hacer.
El primer tropiezo: esperar que lo hagan otros
Le ofrecieron colaborar en un proyecto colectivo. Había una causa, un objetivo común… y tareas. Muchas tareas.
El/la protagonista tuvo una reacción automática: dejó que otros se encargaran del trabajo “pesado”, mientras él/ella se reservaba para lo “importante”. Al fin y al cabo, pensaba, yo aporto visión.
Resultado: el proyecto se atascó.
Y lo peor fue la sensación amarga de injusticia:
—Siempre tengo que hacerlo todo yo…
Esa frase le salía como queja, pero al leer se encontró el espejo: en Casa 6 el éxito llega cuando se aprovechan las oportunidades y no se espera a que el trabajo lo hagan los demás; hay que implicarse en una causa y dar lo mejor de sí, incluso si el trabajo parece indigno o molesto.
Fue humillante… y liberador. Porque el problema no era el trabajo: era la postura.
El “hueco en el mercado”
Decidió cambiar el enfoque, como si se entrenara para una prueba. La Casa 6 (mutable) exige procesos de toma de conciencia, y una consigna muy concreta: encontrar el propio “hueco en el mercado” preguntándose dónde se requieren sus capacidades, dónde se le necesita, cuál es su sitio.
Así que dejó de preguntarse “qué me apetece” y empezó con otra pregunta, más incómoda pero más real:
—¿Dónde se requiere mi contribución?
Y ahí cambió todo, porque la Casa 6 es una casa de servicio: hay que partir del “tú”, de la necesidad real, no del ego.
Servicio no es servilismo
Al principio se pasó al otro extremo: decía sí a todo, por demostrar. Se cargó de tareas, se agotó, empezó a resentirse… y volvió la queja.
Entonces encontró otra línea clave: en Casa 6 el principio es el servicio, sí, pero no hay que caer en servilismos ni en comportamientos complacientes que generen dependencia o sumisión; la oferta debe responder a una necesidad real: eso es servir de verdad.
Aprendió a decir:
—Esto sí, porque es necesario y lo puedo hacer bien.
—Esto no, porque no aporta o me desvía del objetivo.
No para escaquearse, sino para servir con precisión.
El taller: un mundo pequeño que te mide
Una noche soñó con un escenario distinto a los anteriores:
ya no era una cortina ni un salón de encuentros. Era un taller cerrado, un recinto pequeño donde se ve todo, donde el trabajo te limita y te obliga a concentrarte en lo que hay que hacer. Y en la imagen, otros trabajadores miraban y preguntaban: “¿Es bueno? ¿Hace bien su trabajo? ¿Es cuidadoso y cumplidor?”.
Al despertar comprendió la lección: aquí no basta con “grandes planes”; hay que garantizar el propio trabajo, sea cual sea, y hacerlo con exactitud, paso a paso.
La frase de hierro (y de paz)
Empezó a practicar una frase que, al principio, le dolía en el orgullo:
—“Considero que esto no es lo más adecuado para mí… no obstante lo haré porque la situación lo requiere.”
Eso no era resignación: era madurez.
El Nodo Norte en Casa 6 a veces te pone en tareas molestas para aterrizar tus capacidades, para mostrarte con claridad qué puedes hacer realmente y qué no.
Y lo más sorprendente fue esto: cuando dejó de pelearse con las obligaciones y empezó a cumplirlas con alegría y dinamismo (sin soñar con escapatorias), todo se ordenó.
El secreto
Un día, el proyecto volvió a moverse. La gente empezó a contar con él/ella. No por su “potencial”, sino por su constancia.
Entonces entendió el secreto de la Casa 6: el constante cumplimiento de las obligaciones, el empleo de las propias capacidades al servicio de metas colectivas.
Y, por primera vez, sintió una seguridad distinta: no la del aplauso… sino la de saber que puede sostener su vida con lo que hace, de forma útil, real y consciente.
Y ahí apareció el viejo gesto interno:
—¿En serio? ¿Yo para esto?
Porque en su cabeza, “vivir” era soñar el gran plan. Pero el libro lo decía sin rodeos: en la Casa 6 lo fundamental es la cuestión existencial, la manera de garantizar la propia existencia; y lo esencial no es “hacer mucho”, sino darse cuenta claramente de lo que uno es capaz de hacer.
El primer tropiezo: esperar que lo hagan otros
Le ofrecieron colaborar en un proyecto colectivo. Había una causa, un objetivo común… y tareas. Muchas tareas.
El/la protagonista tuvo una reacción automática: dejó que otros se encargaran del trabajo “pesado”, mientras él/ella se reservaba para lo “importante”. Al fin y al cabo, pensaba, yo aporto visión.
Resultado: el proyecto se atascó.
Y lo peor fue la sensación amarga de injusticia:
—Siempre tengo que hacerlo todo yo…
Esa frase le salía como queja, pero al leer se encontró el espejo: en Casa 6 el éxito llega cuando se aprovechan las oportunidades y no se espera a que el trabajo lo hagan los demás; hay que implicarse en una causa y dar lo mejor de sí, incluso si el trabajo parece indigno o molesto.
Fue humillante… y liberador. Porque el problema no era el trabajo: era la postura.
El “hueco en el mercado”
Decidió cambiar el enfoque, como si se entrenara para una prueba. La Casa 6 (mutable) exige procesos de toma de conciencia, y una consigna muy concreta: encontrar el propio “hueco en el mercado” preguntándose dónde se requieren sus capacidades, dónde se le necesita, cuál es su sitio.
Así que dejó de preguntarse “qué me apetece” y empezó con otra pregunta, más incómoda pero más real:
—¿Dónde se requiere mi contribución?
Y ahí cambió todo, porque la Casa 6 es una casa de servicio: hay que partir del “tú”, de la necesidad real, no del ego.
Servicio no es servilismo
Al principio se pasó al otro extremo: decía sí a todo, por demostrar. Se cargó de tareas, se agotó, empezó a resentirse… y volvió la queja.
Entonces encontró otra línea clave: en Casa 6 el principio es el servicio, sí, pero no hay que caer en servilismos ni en comportamientos complacientes que generen dependencia o sumisión; la oferta debe responder a una necesidad real: eso es servir de verdad.
Aprendió a decir:
—Esto sí, porque es necesario y lo puedo hacer bien.
—Esto no, porque no aporta o me desvía del objetivo.
No para escaquearse, sino para servir con precisión.
El taller: un mundo pequeño que te mide
Una noche soñó con un escenario distinto a los anteriores:
ya no era una cortina ni un salón de encuentros. Era un taller cerrado, un recinto pequeño donde se ve todo, donde el trabajo te limita y te obliga a concentrarte en lo que hay que hacer. Y en la imagen, otros trabajadores miraban y preguntaban: “¿Es bueno? ¿Hace bien su trabajo? ¿Es cuidadoso y cumplidor?”.
Al despertar comprendió la lección: aquí no basta con “grandes planes”; hay que garantizar el propio trabajo, sea cual sea, y hacerlo con exactitud, paso a paso.
La frase de hierro (y de paz)
Empezó a practicar una frase que, al principio, le dolía en el orgullo:
—“Considero que esto no es lo más adecuado para mí… no obstante lo haré porque la situación lo requiere.”
Eso no era resignación: era madurez.
El Nodo Norte en Casa 6 a veces te pone en tareas molestas para aterrizar tus capacidades, para mostrarte con claridad qué puedes hacer realmente y qué no.
Y lo más sorprendente fue esto: cuando dejó de pelearse con las obligaciones y empezó a cumplirlas con alegría y dinamismo (sin soñar con escapatorias), todo se ordenó.
El secreto
Un día, el proyecto volvió a moverse. La gente empezó a contar con él/ella. No por su “potencial”, sino por su constancia.
Entonces entendió el secreto de la Casa 6: el constante cumplimiento de las obligaciones, el empleo de las propias capacidades al servicio de metas colectivas.
Y, por primera vez, sintió una seguridad distinta: no la del aplauso… sino la de saber que puede sostener su vida con lo que hace, de forma útil, real y consciente.
Canción: “Sirvo de verdad”
(Nodo Norte en Casa 6)
Letra de la canción para ir integrando los aprendizajes al irla escuchando y cantando.
Verso 1
Soñé con grandes caminos,
con la luz de mi intención,
pero la vida me puso
un taller y una misión.
Y me enfadé con lo simple,
me dio rabia la obligación,
hasta que vi en lo pequeño
la forma de mi evolución.
Pre-estribillo
No espero que otros lo hagan,
no me escondo en el “después”.
Aprovecho la oportunidad:
hoy empiezo donde esté.
Estribillo
Sirvo de verdad, sin sumisión,
con mis capacidades y mi corazón.
Hago mi parte, cumplo mi deber,
y así mi mundo vuelve a crecer.
Encuentro mi sitio, mi hueco, mi voz:
servir es mi fuerza, servir es mi sol.
Verso 2
Me miro como una oferta
que responde a una necesidad,
pregunto dónde se me requiere,
dónde puedo aportar.
Y si una tarea me pesa
o me parece menor,
la hago con sinceridad
porque sostiene el motor.
Pre-estribillo 2
No confundo el servicio
con perderme por quedar bien.
Digo “sí” cuando es real,
digo “no” para hacerlo bien.
Estribillo
Sirvo de verdad, sin sumisión,
con mis capacidades y mi corazón.
Hago mi parte, cumplo mi deber,
y así mi mundo vuelve a crecer.
Encuentro mi sitio, mi hueco, mi voz:
servir es mi fuerza, servir es mi sol.
Puente
En lo concreto me conozco,
sé lo que puedo sostener.
Con alegría y con dinamismo
dejo de soñar para hacer.
Y cuando cumplo cada día
lo que la vida me pidió,
todo se pone en marcha…
todo se arregla alrededor.
Estribillo final
Sirvo de verdad, sin sumisión,
con mis capacidades y mi corazón.
Hago mi parte, cumplo mi deber,
y así mi mundo vuelve a crecer.
Encuentro mi sitio, mi hueco, mi voz:
servir es mi fuerza…
servir es mi sol.
Verso 1
Soñé con grandes caminos,
con la luz de mi intención,
pero la vida me puso
un taller y una misión.
Y me enfadé con lo simple,
me dio rabia la obligación,
hasta que vi en lo pequeño
la forma de mi evolución.
Pre-estribillo
No espero que otros lo hagan,
no me escondo en el “después”.
Aprovecho la oportunidad:
hoy empiezo donde esté.
Estribillo
Sirvo de verdad, sin sumisión,
con mis capacidades y mi corazón.
Hago mi parte, cumplo mi deber,
y así mi mundo vuelve a crecer.
Encuentro mi sitio, mi hueco, mi voz:
servir es mi fuerza, servir es mi sol.
Verso 2
Me miro como una oferta
que responde a una necesidad,
pregunto dónde se me requiere,
dónde puedo aportar.
Y si una tarea me pesa
o me parece menor,
la hago con sinceridad
porque sostiene el motor.
Pre-estribillo 2
No confundo el servicio
con perderme por quedar bien.
Digo “sí” cuando es real,
digo “no” para hacerlo bien.
Estribillo
Sirvo de verdad, sin sumisión,
con mis capacidades y mi corazón.
Hago mi parte, cumplo mi deber,
y así mi mundo vuelve a crecer.
Encuentro mi sitio, mi hueco, mi voz:
servir es mi fuerza, servir es mi sol.
Puente
En lo concreto me conozco,
sé lo que puedo sostener.
Con alegría y con dinamismo
dejo de soñar para hacer.
Y cuando cumplo cada día
lo que la vida me pidió,
todo se pone en marcha…
todo se arregla alrededor.
Estribillo final
Sirvo de verdad, sin sumisión,
con mis capacidades y mi corazón.
Hago mi parte, cumplo mi deber,
y así mi mundo vuelve a crecer.
Encuentro mi sitio, mi hueco, mi voz:
servir es mi fuerza…
servir es mi sol.