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Aprendizajes de los Nodos en CASA 8

El Filo y la Puerta

Relato corto que ayuda a entender los aprendizajes a adquirir.

El/la protagonista llevaba años subiendo peldaños. No era solo ambición: era una mezcla rara de dos impulsos que tiraban en direcciones opuestas.
Por un lado, quería mantener una buena conexión con el tú, conservar apoyos, contactos, alianzas, esa red humana que te sostiene.
Por otro, quería avanzar hacia su propia individualidad, hacia el “arriba”, hacia una posición segura, libre y fuerte.
El problema era que cuanto más subía, más dependía del juicio de los demás: elogios, críticas, reputación, presión social. Tenía “posición”, sí… pero esa posición venía con una sombra: vivir bajo evaluación permanente.
Y entonces llegó lo típico de Casa 8: el filo.

El chantaje elegante
No fue un chantaje sucio. Fue el chantaje educado, institucional, aceptado.
—Si quieres ese puesto, ya sabes… hay que “ceder” un poco.
—Si quieres esa oportunidad, tienes que “pagar” con tu tiempo, con tu silencio, con tu lealtad.
—Si quieres pertenecer, tienes que renunciar a cosas.
Y ahí apareció el gran peligro: volverse esclavo/a de la necesidad de seguridad, vender el propio desarrollo individual a cambio de un beneficio o de una tranquilidad inmediata.
Lo peor es que, por fuera, todo podía justificarse: “Así funciona el mundo”.
Pero por dentro algo se secaba.
Leyendo, encontró la frase que le dejó sin excusas: con Nodo Norte en Casa 8 se exige un compromiso saludable entre la sociedad y el crecimiento individual, una relación sana con el entorno en la que se respeten derechos y obligaciones… sin que eso impida crecer espiritualmente y personalmente.
Eso no era rebelarse contra todo, ni entregarse a todo.
Era medida.

“Dad al César… pero sin vender el alma”
El libro lo decía con una imagen clara: dar y recibir en un intercambio, “dad al César lo que es del César…”, pero no para dejarse chantajear por beneficios, sino para que cada uno dé lo que corresponde y reciba lo que le corresponde.
El/la protagonista entendió que había confundido dos cosas:
• Cumplir obligaciones.
• Someter el alma.
Así que hizo algo que nunca hacía: se volvió frío/a… no de corazón, sino de comprensión. Observó leyes, normas y también las “leyes” invisibles de afecto, simpatía y contacto. Ponderó hechos con calma.
Y en una reunión clave, dijo una frase que le tembló en la lengua:
—Cumpliré lo que corresponde… pero no negociaré mi crecimiento por un favor. No aceptaré este intercambio si me convierte en rehén.
Silencio.
Y, por primera vez, se sintió internamente independiente.
Justo lo que esta casa exige: independencia interna y externa.

La trampa del “a cualquier precio”
El éxito, sin embargo, tiene una tentación sutil:
justificarlo todo.
Una noche, tarde, revisando cifras y plazos, se dio cuenta de que estaba sacrificando lo más cercano: afectos, presencia, seres queridos. Y el libro advertía precisamente eso: no hay que “hacer negocios” con la sociedad a cualquier precio, sacrificándolo todo por una posición.
Aquí hay que alcanzar un equilibrio entre lo material y lo espiritual.
Aquella frase le cayó como un freno en seco.
Y justo entonces —como si la vida esperara ese punto— llegó la crisis.

Muerte y renacimiento (sin medias tintas)
No fue una tragedia teatral. Fue una sacudida total: una reestructuración, una pérdida, un giro que dejaba sin valor lo que antes parecía imprescindible.
La Casa 8 no hace “reformas”: hace transformación. El libro lo describe como “muerte y renacimiento”: fuertes sacudidas que destruyen estructuras anticuadas.
De pronto, el/la protagonista se vio en un papel humillante: como si solo fuera un/a administrador/a de sustancia —bienes, dinero, ideas— cumpliendo una función, sintiéndose incomprendido/a. El yo se rebelaba, quería quitarse la carga… pero volvía a los viejos patrones.
Y ahí llegó la frase más dura de todas: en medio de la crisis, debía renunciar a pretensiones de poder, puestos, propiedades… debía renunciar a todo.
No “por moral”. Por iniciación.
La estrecha puerta no se abre con negociación. Se cruza.

El Ave Fénix (y el sentido)
Después de la caída, ocurrió algo inesperado: por primera vez en años dejó de preguntarse solo por la seguridad material y empezó a plantearse cuestiones más elevadas sobre la vida. El libro lo compara con el Ave Fénix: del fuego surge un yo purificado que se dedica a cuestiones espirituales, que investiga qué hay detrás del destino, de la vida y de la muerte.
Y aquí ocurrió la verdadera victoria de Casa 8: ya no se adaptó por poder o por dinero.
No es que dejara el mundo.
Es que dejó de venderse al mundo.

Volvió a la sociedad con una comprensión distinta:
• Cumplir lo justo.
• Dar lo que corresponde.
• Recibir lo que corresponde.
• Sin chantajes.
• Sin falsos compromisos.
• Con equilibrio entre lo material y lo espiritual.
Y una noche, caminando solo/a, sonrió con una paz extraña:
—Sigo en el filo… pero ahora soy yo quien camina.

Canción: “Camino en el filo”
(Nodo Norte en Casa 8)

Letra de la canción para ir integrando los aprendizajes al irla escuchando y cantando.

Verso 1
Quise subir por la escalera
sin perder mi libertad,
y cuanto más buscaba un puesto
más me juzgaba la ciudad.
Entre el “tú” y mi propio cielo
me partía la voluntad:
ser de todos, ser yo mismo/a…
y no saber cómo estar.

Pre-estribillo
Hoy aprendo el compromiso
sin vender mi corazón:
lo justo es lo justo…
y mi alma no es negociación.

Estribillo
Camino en el filo, sin traicionarme,
doy lo que toca sin dejarme chantajear.
Camino en el filo, sin olvidarme:
equilibrio en lo material y lo espiritual.
Ni a cualquier precio, ni por temor,
yo cumplo y crezco con la misma dirección.

Verso 2
Cuando la vida me sacude
y lo de antes pierde valor,
se caen viejas estructuras
y aparece lo que soy.
Renuncio a puestos y a poder,
renuncio a lo que me ató,
y atravieso la puerta estrecha
donde renace el sol.

Pre-estribillo 2
Ya no me adapto por dinero,
ya no me vendo por subir:
lo humano vuelve a estar vivo
cuando me dejo transformar.

Estribillo
Camino en el filo, sin traicionarme,
doy lo que toca sin dejarme chantajear.
Camino en el filo, sin olvidarme:
equilibrio en lo material y lo espiritual.
Ni a cualquier precio, ni por temor,
yo cumplo y crezco con la misma dirección.

Puente
Muerte y renacimiento, fuego interior,
lo viejo se rompe para hacerme mejor.
Y cuando ya no queda nada…
queda sentido, queda luz.
Yo doy lo que corresponde,
y recibo lo que es mi cruz.

Estribillo final
Camino en el filo, sin traicionarme,
doy lo que toca sin dejarme chantajear.
Camino en el filo, sin olvidarme:
equilibrio en lo material y lo espiritual.
Ni a cualquier precio, ni por temor,
yo cumplo y crezco…
con la misma dirección.


Canción en mp3 para escucharla o descargarla.
(Varias versiones para que escuches la que más te guste)