Aprendizajes del Cuerpo Físico de Segundo Rayo
La manta y la armadura
Relato corto que ayuda a entender los aprendizajes a adquirir.
Vera tenía un cuerpo que pedía confort como si fuera un idioma. Le gustaba el calor, los cuidados, los lugares seguros. Su piel parecía enterarse antes que su mente: un cambio de temperatura, un gesto brusco, una noche mal dormida… y ya estaba más frágil. No era debilidad moral: era sensibilidad física.
Por eso, cuando se apuntó como voluntaria en el albergue de invierno, lo suyo salió natural: preparaba infusiones, doblaba mantas, acompañaba a quien temblaba. Tenía algo magnético: la gente confiaba en ella, la buscaba, le sonreía.
Y durante un tiempo, todo fue bonito.
Hasta que empezó el desgaste.
Un día se resfrió. Luego otro. Luego el cansancio se le quedó pegado. Y sin darse cuenta, apareció el patrón:
cuando se sentía vulnerable, esperaba —casi como una ley— que alguien la protegiera, que alguien se ocupara de ella, que el mundo le diera el calor que su cuerpo anhelaba.
No lo pedía con palabras. Lo pedía con silencios.
Y como su magnetismo funcionaba, siempre encontraba a alguien cerca… pero el precio era alto: empezaba a depender de esa persona, a sentirse insegura si no la cuidaban.
La noche que lo vio claro fue sencilla: estaba en casa, con fiebre ligera, esperando un mensaje que no llegaba. Y se oyó pensar:
—Si no me cuidan… no puedo.
Ahí se asustó.
Porque comprendió la sombra del 2º Rayo en el cuerpo físico: la delicadeza puede volverse excusa para no hacerse responsable del propio cuerpo, y entonces uno se va “hacia afuera”: cuidando a otros para recibir calor… pero perdiéndose a sí mismo.
Al día siguiente hizo algo pequeño y enorme: se preparó una rutina de autocuidado real (descanso, calor, ritmo) y, sobre todo, una frase nueva:
—Mi cuerpo merece amor… y yo puedo dárselo.
No dejó de ayudar. Siguió siendo manta. Pero añadió una armadura suave: responsabilidad.
Y descubrió lo mejor de este rayo cuando está en equilibrio: la vida se vuelve un intercambio sano. Cuando ella daba amor y cuidado, también sabía recibirlo sin agarrarse; y cuando tenía “suficiente”, se sentía feliz y agradecida.
Además, aprendió a respetar su naturaleza: alternar actividad con reposo, descansar, soñar, no vivir estimulada todo el tiempo.
Desde entonces, en el albergue, Vera seguía repartiendo mantas… pero ya no se quedaba sin la suya.
Por eso, cuando se apuntó como voluntaria en el albergue de invierno, lo suyo salió natural: preparaba infusiones, doblaba mantas, acompañaba a quien temblaba. Tenía algo magnético: la gente confiaba en ella, la buscaba, le sonreía.
Y durante un tiempo, todo fue bonito.
Hasta que empezó el desgaste.
Un día se resfrió. Luego otro. Luego el cansancio se le quedó pegado. Y sin darse cuenta, apareció el patrón:
cuando se sentía vulnerable, esperaba —casi como una ley— que alguien la protegiera, que alguien se ocupara de ella, que el mundo le diera el calor que su cuerpo anhelaba.
No lo pedía con palabras. Lo pedía con silencios.
Y como su magnetismo funcionaba, siempre encontraba a alguien cerca… pero el precio era alto: empezaba a depender de esa persona, a sentirse insegura si no la cuidaban.
La noche que lo vio claro fue sencilla: estaba en casa, con fiebre ligera, esperando un mensaje que no llegaba. Y se oyó pensar:
—Si no me cuidan… no puedo.
Ahí se asustó.
Porque comprendió la sombra del 2º Rayo en el cuerpo físico: la delicadeza puede volverse excusa para no hacerse responsable del propio cuerpo, y entonces uno se va “hacia afuera”: cuidando a otros para recibir calor… pero perdiéndose a sí mismo.
Al día siguiente hizo algo pequeño y enorme: se preparó una rutina de autocuidado real (descanso, calor, ritmo) y, sobre todo, una frase nueva:
—Mi cuerpo merece amor… y yo puedo dárselo.
No dejó de ayudar. Siguió siendo manta. Pero añadió una armadura suave: responsabilidad.
Y descubrió lo mejor de este rayo cuando está en equilibrio: la vida se vuelve un intercambio sano. Cuando ella daba amor y cuidado, también sabía recibirlo sin agarrarse; y cuando tenía “suficiente”, se sentía feliz y agradecida.
Además, aprendió a respetar su naturaleza: alternar actividad con reposo, descansar, soñar, no vivir estimulada todo el tiempo.
Desde entonces, en el albergue, Vera seguía repartiendo mantas… pero ya no se quedaba sin la suya.
Canción: Calor que sostiene
Segundo Rayo en el Cuerpo Físico
Letra de la canción para ir integrando los aprendizajes al irla escuchando y cantando.
Intro
Mi cuerpo pide abrigo,
mi piel sabe la verdad…
y hoy mi amor empieza dentro:
cuidarme es despertar.
Verso 1
Necesito confort y calma,
buenos cuidados, un hogar,
soy sensible en cada paso,
y aprendo a no me dañar.
Atraigo lo que me alivia,
simpatía alrededor,
pero quiero que mi vida
no dependa de un protector.
Pre-Estribillo
Porque a veces, cuando tiemblo,
espero que otro me salve a mí…
y mi cuerpo me susurra:
“Respóndete desde aquí”.
Estribillo
Segundo Rayo en mi cuerpo, amor y sabiduría,
haz de mi cuidado fuerza, y de mi descanso armonía.
Dar calor sin perderme, recibir sin aferrar,
protegerme con ternura… y también saber amar.
Que mi magnetismo sea luz, no necesidad:
yo me hago responsable… y me dejo ayudar.
Verso 2
Sé lo que es buscar refugio
y no quererme levantar,
sé lo que es dar a otros todo
para que me quieran más.
Pero hoy elijo equilibrio,
ritmo suave al respirar:
actividad y reposo,
y en mi cuerpo, paz real.
Pre-Estribillo
Si doy amor, lo recibo,
y cuando es suficiente, soy feliz.
No necesito mendigarlo:
lo cultivo dentro de mí.
Estribillo
Segundo Rayo en mi cuerpo, amor y sabiduría,
haz de mi cuidado fuerza, y de mi descanso armonía.
Dar calor sin perderme, recibir sin aferrar,
protegerme con ternura… y también saber amar.
Que mi magnetismo sea luz, no necesidad:
yo me hago responsable… y me dejo ayudar.
Puente
Soy manta para el cansancio,
soy hogar para el dolor,
pero también soy mi espacio,
mi salud, mi protección.
No me escondo en la fragilidad,
la convierto en claridad:
cuidarme es amar la vida,
y amar es libertad.
Estribillo Final
Segundo Rayo en mi cuerpo, amor y sabiduría,
que mi piel encuentre abrigo, que mi alma encuentre guía.
Dar calor sin perderme, recibir sin aferrar,
vivir en ritmo sereno… y aprender a confiar.
Que mi magnetismo sea luz, no necesidad:
yo me hago responsable… y me dejo ayudar.
Outro
Calor que sostiene…
amor en la piel.
Intro
Mi cuerpo pide abrigo,
mi piel sabe la verdad…
y hoy mi amor empieza dentro:
cuidarme es despertar.
Verso 1
Necesito confort y calma,
buenos cuidados, un hogar,
soy sensible en cada paso,
y aprendo a no me dañar.
Atraigo lo que me alivia,
simpatía alrededor,
pero quiero que mi vida
no dependa de un protector.
Pre-Estribillo
Porque a veces, cuando tiemblo,
espero que otro me salve a mí…
y mi cuerpo me susurra:
“Respóndete desde aquí”.
Estribillo
Segundo Rayo en mi cuerpo, amor y sabiduría,
haz de mi cuidado fuerza, y de mi descanso armonía.
Dar calor sin perderme, recibir sin aferrar,
protegerme con ternura… y también saber amar.
Que mi magnetismo sea luz, no necesidad:
yo me hago responsable… y me dejo ayudar.
Verso 2
Sé lo que es buscar refugio
y no quererme levantar,
sé lo que es dar a otros todo
para que me quieran más.
Pero hoy elijo equilibrio,
ritmo suave al respirar:
actividad y reposo,
y en mi cuerpo, paz real.
Pre-Estribillo
Si doy amor, lo recibo,
y cuando es suficiente, soy feliz.
No necesito mendigarlo:
lo cultivo dentro de mí.
Estribillo
Segundo Rayo en mi cuerpo, amor y sabiduría,
haz de mi cuidado fuerza, y de mi descanso armonía.
Dar calor sin perderme, recibir sin aferrar,
protegerme con ternura… y también saber amar.
Que mi magnetismo sea luz, no necesidad:
yo me hago responsable… y me dejo ayudar.
Puente
Soy manta para el cansancio,
soy hogar para el dolor,
pero también soy mi espacio,
mi salud, mi protección.
No me escondo en la fragilidad,
la convierto en claridad:
cuidarme es amar la vida,
y amar es libertad.
Estribillo Final
Segundo Rayo en mi cuerpo, amor y sabiduría,
que mi piel encuentre abrigo, que mi alma encuentre guía.
Dar calor sin perderme, recibir sin aferrar,
vivir en ritmo sereno… y aprender a confiar.
Que mi magnetismo sea luz, no necesidad:
yo me hago responsable… y me dejo ayudar.
Outro
Calor que sostiene…
amor en la piel.